Cuando ésta se presenta con frecuencia, en forma desmedida y lo que la desencadena es la fobia social, estaríamos ante la presencia de un trastorno de ansiedad social, lo que hace que las personas sientan temor a interactuar con otros.
Para determinarlo como un trastorno, debe estar afectando algún área (familiar, personal y la social que en este caso es la más afectada), ya que la evitación a situaciones donde hayan otras personas, es el primer mecanismo de defensa utilizada por quienes la padecen, creando un aislamiento poco saludable.
Lo que ocurre es que la persona tiene un miedo excesivo a ser evaluada y calificada por los demás, e incluso demostrar los síntomas en público los pone especialmente ansiosos, lo que hace que cuente con más motivos para aislarse. En el caso de los niños, estos lo demuestran con llantos, aferrándose a algo o alguien, quedándose paralizados o simplemente haciendo rabietas.
La situación puede agravarse ante la presión de terceros a interactuar con otros, ya que la experiencia es desagradable y será la que se asocie a las situaciones de intercambio social, lo que es poco favorable e intensifica los síntomas.
Se puede contribuir a la disminución de estos, leyendo libros de fortalecimiento de autoestima, con ejercicios de meditación, buena alimentación, ejercicios físicos, disminución del consumo de café, y lo más importante, buscar ayuda profesional para poder recibir orientación, hacer seguimiento adecuado y evaluar los resultados.
Es importante destacar que en medio de la pandemia puede darse una especie de fobia social a consecuencia del temor a la enfermedad y es pertinente mantener la distancia social para evitar contagios, sin embargo los excesos pueden generar fobias que ameritan igualmente atención profesional.
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